Un año más tenemos la suerte de compartir este día de confraternización y convivencia con el CEFOT de Cáceres gracias a nuestro amigo y paisano Jose Antonio Santamaría. En esta ocasión la ruta senderista transcurre entre las localidades de Arroyomolinos de Montánchez y Montánchez; conocida también como "Ruta de los molinos".
Entre estas dos localidades extremeñas se encuentra la garganta de los molinos donde podemos ver los restos de una treintena de molinos y admirar la armónica conjunción de la obra de las personas con la naturaleza y la forma en que el ingenio de aquellas permitió, durante siglos, el aprovechamiento racional de uno de los recursos más preciados:el agua.
La antigüedad de los molinos fluctúa entre la época romana, hasta el siglo XIX, cuando fueron construidos los más modernos, y que han funcionado hasta los años sesenta.
Comenzamos la ruta pasadas las 9 de la mañana en Arroyomolinos. Esta localidad fue fundada en 1228 por el rey Alfonso IX de León, pero sus tierras han sido habitadas desde el neolítico. Ya en tiempos romanos se construyeron los molinos que le dan nombre a la localidad. Los árabes construyeron también este tipo de molinos.
El 28 de octubre de 1811, se produce el acontecimiento histórico más importante de Arroyomolinos. Durante la Guerra de la independencia española se produce una de las más importantes victorias sobre el ejército francés. La batalla que tuvo lugar fue conocida como "la Batalla del Arroyo de los Molinos" y también como "la Sorpresa de Arroyomolinos". En ella, un ejercito aliado anglo-hispano-portugués, bajo las órdenes del General Hill, derrotó a las tropas francesas del General Girard.
A la caída del Antiguo Régimen la localidad se constituye en municipio constitucional en la región de Extremadura que desde 1835 quedó integrado en el Partido Judicial de Montánchez que en el censo de 1842 contaba con 600 hogares y 3287 vecinos. En la actualidad cuenta con unos 770 habitantes.
Nosotros tomamos el camino de la derecha, que es el que más molinos conserva y por donde discurre el arroyo.
La primera parada que hacemos es en uno de los molinos romanos, justo al atravesar el arroyo. El Alcalde de la localidad, Antonio Solís, será el encargado de darnos toda la información de como se constituye y como funciona este tipo de molinos.
La estructura de los molinos es prácticamente igual en todos los casos: una charca, una conducción o acequia, un alto pozo denominado cubo y un cuarto donde estaban los mecanismos de molienda y que en ocasiones servía de vivienda para el molinero.
Según cuentan en la página local "La molienda suponía un proceso muy
interesante, pues los molineros, se ponían de acuerdo para ver que día
la realizaban y así soltar el agua de una charca denominada la Charca de
la Suelta. Esta, construida en el arroyo y a una considerable altura,
aumentaba el caudal y se lograba que el agua llegara en más cantidad a
los molinos. Algunos de estos, y gracias a su disposición podían moler
con el agua que ya había utilizado el anterior. Con este sistema,
podemos decir que se producía un aprovechamiento muy racional del
liquido elemento".
El pozo o cubo suele tener una caída de unos 8 ó 10 metros de altura y en su parte inferior tiene una estrecha salida por la que el agua sale con la presión suficiente para golpear en la "rangua", que es una rueda horizontal que hace girar todo el mecanismo.
En esta imagen se puede ver cómo era el funcionamiento del mecanismo del
molino, el agua, pasaba de la Charca por la Acequia y caía al Cubo. El molinero esperaba a que este se llenara totalmente y cuando esto sucedía abría una pequeña compuerta denominada Saetín. Esta, situada en la base del Cubo al abrirla dejaba escapar el agua que por causa de la fuerte presión con la que salía, movía las palas del giratorio Rodezno.Dicho rodezno, a través de un fuerte tronco denominado Maza transmitía el movimiento a la piedra superior o Volandera que con su giro sobre la piedra inferior o Solera (sin movimiento) procedía a moler el grano.
Esta es la rangua.
Continuamos el ascenso por la garganta de los molinos y en la que no paramos de encontrarnos más molinos, algunos de ellos cuesta localizarlos debido a la cantidad de maleza y de vegetación que en algunos casos llega a cubrirlos por completo.
Algunos se resisten a caer, comidos por las zarzas y la maleza. Lástima que con la llegada del progreso todo esto se pierda, más que progreso parece retroceso, todos estos molinos cayeron en el olvido al dejar de ser rentables por la electricidad entre los años 40 y 50, y fueron abandonados a su suerte.
Es una delicia caminar y toparte con ellos a cada paso, la veintena que
aún se mantienen convierten la ruta en un parque temático de la economía
rural de finales del XIX y principios del XX, aunque la sabiduría para
hacerlo se remonte dos mil años atrás. Mientras paseas por el entorno imaginas la actividad que debió tener la
garganta en tiempos en que estas pequeñas fábricas estaban a pleno
rendimiento.
Aquí finaliza el recorrido por la Garganta de los Molinos, dejamos el
terreno sembrado de viejas construcciones harineras que tanto nos han
impactado, un pedacito de historia flanqueada en un pequeño valle que
conforman la Peña Aguilera y la Barrera Berenjena. Un pequeño arroyo al
que encontraron uso ya en tiempos de los romanos y que la historia han
mantenido viva. Ponerla en valor es una tarea que no debería demorarse.
Continuamos por una calzada empedrada entre olivares, subiendo por el que llaman "Camino de las Vaquerizas".
Arroyomolinos al fondo.
Un descansito para beber un poco de agua y tomar algo para reponer fuerzas después del ascenso. A partir de ahora el paisaje cambiará totalmente adentrándonos en un bosque de castaños.
Cerca de Montánchez, su castillo ya se muestra en lo alto, vigilante,
una de las construcciones defensivas más singulares de Extremadura, no
sólo por su posición privilegiada, sino por ser un fiel exponente de lo
que fueron los castillos de la Reconquista en la Edad Media.
Otra paradita para hacernos la foto de grupo. De aquí a Montánchez está chupao, todo cuesta abajo.
Accedemos a Montánchez por la calle Rejoyuela.
Seguimos por la calle Centenal hasta llegar a la calle Coso y desembocar en la Plaza de España.
Parroquia de San Mateo.
Por la Calle Castillo.
Entrada al Castillo. Los orígenes del castillo se remontan a la época romana de la que data su cuerpo principal que se asienta sobre la cota más
elevada del cerro en el que descansa la fortaleza. El resto de la
construcción data del siglo XII siendo levantado durante la ocupación almohade de la zona. De la época de dominio musulmán todavía se conservan tres aljibes y parte de su trazado.
Posteriormente, una vez que la zona pasó a manos cristianas, sobre todo cuando estuvo administrado por la Orden de Santiago, se adicionaron gran cantidad de elementos sobre todo en forma de distintas murallas rodeando el recinto.
En 1620 sirvió de prisión para Don Rodrigo Calderón, procedente de Valladolid.
En el recinto interior, además de dos de sus aljibes se sitúan la torre del homenaje y las bodegas, mientras que en el exterior se encuentra el aljibe mayor, un estanque y una ermita que se construyó durante el siglo XVII.
La Patrona es Nuestra Señora de la Consolación del Castillo y la fiesta en su honor se celebra el segundo domingo de septiembre.
Las distintas administraciones central y autonómica han invertido
grandes sumas de dinero en la reconstrucción y consolidación del
castillo para dedicarlo a uso turístico. El conjunto se encuentra protegido bajo la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.
De su cementerio construido en 1810, prácticamente adosado al recinto
del castillo aunque a distinta altura, cabe destacar que fue nombrado
como el mejor cementerio de España en 2015. La necrópolis es cuanto
menos pintoresca, con estrechas calles que se adaptan al escarpado
terreno y un peculiar estilo arquitectónico labrado en granito. Pero si
hay algo que de verdad merece la pena son sus increíbles vistas, tanto a
la campiña como al castillo.
Después de la visita al castillo y al cementerio volvemos a la plaza, donde disfrutaremos de un merecido refrigerio acompañado de un buen pinchito.
Llega el momento de retomar el camino, pero esta vez el trayecto es corto, y el final muy suculento. Nos dirigimos hacia el polideportivo municipal, cedido por la alcaldesa de Montánchez María José Franco para esta ocasión, donde nos esperan los amigos del CEFOT con todo dispuesto para reponer fuerzas.
Al término de la marcha y para recuperar fuerzas, nuestros estómagos y paladares, fueron recompensados por un potente cocido, elaborado por el magnífico equipo de cocineros del CEFOT. A ellos, gracias por atendernos con esa calidad, tanto profesional como humana.
Solo queda decir ¡¡¡¡¡¡GRACIAS!!!!!. Gracias por este día de convivencia, por tratarnos como a reyes, por vuestra infinita paciencia. GRACIAS también a nuestro amigo y paisano Jose Antonio Santamaría por permitirnos disfrutar de este y otros muchos momentos juntos manteniendo viva esta afición por caminar, por compartir, en fin..., por todo.
¡¡¡¡AHH!!!! y sobretodo por pelear y luchar para que este día de convivencia algún día pueda celebrarse en nuestra localidad, IBAHERNANDO. ¡¡¡¡¡OS ESPERAREMOS CON LOS BRAZOS ABIERTOS!!!!!.











No hay comentarios:
Publicar un comentario